La felicidad tiene muchas caras

 La felicidad tiene muchas caras. Brindo por todas ellas.


Cuando miro el cielo, cuando veo animales en su hábitat, cuando pienso en mi abuela, cuando hablo con mi familia, cuando veo a mis amigos, cuando recibo la invitación a la boda de alguien especial, cuando veo que a la planta le están creciendo más hojas, cuando abrazo, cuando escucho la vocecita de Gael y veo su mano diminuta, cuando miro la luna, cuando Marte brilla más de lo normal, cuando atardece, cuando escucho los árboles moviéndose con el viento, cuando nos miramos a los ojos, cuando me despierto con el cantar de los pájaros, cuando entra sol por la ventana y me puedo calentar, cuando hace sombras bonitas, cuando bailamos, cuando le escucho reír. Y bueno, infinitas cosas más.
Sí, la felicidad tiene incontables formas de ser y expresarse. Aún así, he descubierto que mi felicidad más intensa es cuando me siento alineada conmigo misma: pensamiento, palabra y hechos. El motivo: me hace sentir libre. Vivir sin programaciones mentales que me impiden hacer lo que quiero (o que nos hacen hacer sin pensar), es mágico. Sentir el poder de una decisión sin tener a los monstruos atacando al lado, es aliviador. Ver a los monstruos deshacerse, sanador.

En esos momentos en los que soy consciente de que estoy alineada, es cuando se me juntan la felicidad y la libertad (que también tiene muchas expresiones). El resultado: una bomba explosiva de energía amarilla. La inhalo y me la imagino saliendo del corazón y siendo bombeada a todas partes del cuerpo.

Felicidad, que ninguna de tus formas más básicas de expresión se alejen nunca de mi vida. Y menos aún, el hecho de estar alineada. Libertad, que sigas creciendo. Infinitamente.

La paz que da la libertad es otra de las caras de la felicidad.
¿Será que la felicidad, la libertad y la paz tienen muchas caras o será que son todas la misma?


Humana.

 "A esta tierra venimos a ser completos, no perfectos. Y como somos completos, tenemos sombras." Me dijiste durante nuestra llamada. 

Y sí, cuanta razón tienes. Cuántas cosas me quedan aún por aprender. Cuántos caminos me quedan aún por deshacer y volver a hacer de la manera correcta. Que no. Que no puedo querer saberlo todo. Que no puedo pretender tener todo bajo control y tener toda la información disponible para mi. Que no. Que ser responsable también implica aceptar que no sabemos algo. Que el hecho de no saber nos da la enorme ventaja de poder aprender. Nos permite fallar, preguntar, crecer. Que no. Saberlo todo no nos pone un valor, ni no saberlo nos lo quita. 

Y sí. Cuánta razón tienes. Cuántos caminos tengo que hacer todavía. No puedo tapar el sol con un dedo. Tengo que darme espacios y tiempos. A mi y a los que me rodean. Tengo que ganarme ese espacio que demando, no lo puedo pedir por igualdad de condiciones. Llevan ya muchísimos años de ventaja. Sólo podemos competir con esa ventaja que nos llevan si somos capaces de hacer el proceso. Ese proceso de construcción. Rehacer ese camino. 

Y sí. Son verdades como puños. Pero los puños no tienen por qué ser agresivos. Los puños pueden tener también la connotación de despertar. Los puños hacen que estés atentx. Abren los ojos. 

¿Hasta qué punto mi autoexigencia me está frenando? Cuanto más me exija, más esperarán de mi. ¿Qué quiero sino? ¿Quiero saberlo todo? ¿Sé decir que no sé?  ¿Cuáles son mis límites? 

La construcción de la gran mujer que quiero llegar a ser requiere eso, construcción. Esa construcción es un camino. Ese camino requiere aprendizajes e interpretaciones diarias. Esas lecciones que voy adquiriendo me irán formando para llegar mi gran objetivo. Construiré mi camino con todas mis habilidades técnicas,  mis habilidades transversales y mi sombra. Construiré mi sobra para que mi ego no me consuma luego. Para nunca subirme sobre él. Para que siempre sea capaz de decir "no sé". Para nunca creerme más que otros. Para nunca hacer sentir a otros menos que yo. Para que lo que yo creo ahora mismo que es injusto, me siga pareciendo injusto aunque sea yo la que está en esa posición privilegiada. Construiré mi sombra para no tenerle miedo. Para conocerla. Para mirarla a los ojos y saber que existe y agarrarle la mano y caminar juntas. Como lo hice con mi niña interior hoy. 

Adelaida de los 12 años. Me alegro que hayas entendido que en ese momento, tus padres te estaban dando una lección preciosa: siempre existen unos límites. Unos límites de conocimiento. Unos límites en los que tú no puedes estar. A los que no llegas. Y no pasa nada. Se vale. Esos límites no determinan que valgan más o que valgas menos. Esos límites existen así como tú existes. Cuando eras una niña te frustraba esa sensación. Te sentías pequeña y sin ser parte de algo. Sentías impotencia. Querías saberlo aunque no pudieras hacer nada. Ahora, adulta, puedes hacer cosas, sin embargo, necesitas recorrer un camino. Ese camino tiene un denominador común: la constancia. Y también tiene muchas piedras. Y muchas curvas. Y muchas salidas. Y muchas entradas. Y muchas cuestasarriba y abajo. Y gente. Y oportunidades que pasan. Aprovéchalo y úsalo. Siempre construyendo. Construyéndote a ti: tus luces y tus sombras. 

Esa sensación naranja poderosa que te recorre el cuerpo, siéntela. Integra a la Adelaida de 12 años contigo. Vete a un lugar que te de paz. Habla con Mattia. Pídele que sea humano para tú también poder serlo. Pídele que te mire con amor cuando te equivoques. Que te mire con amor cuando no sabes algo. Agradécele por haber despertado tu interés. Admírale por su inteligencia y su forma de enseñar. Cuéntale que te honra su confianza pero que te da miedo defraudarle. Cuéntale que tienes miedo de no llenar sus expectativas. Empápate de que él no tiene enormes expectativas tuyas. No te responsabilices de eso. Sé tú. Saca lo mejor de ti, como él sabe que harás. 

Quiero ser humana. Necesito ser humana. Necesito bajarme de la punta en la que estoy sentada de mi ego ahora mismo y recordarme que soy simplemente eso, una estudiante. Necesito recordarme que no necesito saberlo todo ni necesito controlarlo todo. Solo necesito constancia y compromiso. Necesito confiar en lo que sé, no en nada extraordinario. Necesito aprender a ser yo misma en todas las esferas: una excelente profesional que fue buena estudiante y es infinitamente humana. Me puedo equivocar. Puedo no saber cosas. Puedo fallar. Tengo límites. 

No por eso soy menos. Eso no me define. Saberlo todo no me representa. No quiero perfección. Quiero hacer las cosas bien. Quiero aprender y disfrutar del camino. No quiero que mentalmente esto sea más grande que yo. No puedo. No quiero. No será. Quiero gozarme mi tesis. 

Quiero ser mi propia fuerza motora y tranquilizadora. Quiero ser siempre humana. Siempre completa. 

Bienvenido Otoño. Llegas pisando fuerte. Con tus primeras hojas en el suelo también se irán todos mis miedos. Todas mis infravaloraciones. Todas mis presiones externas. Todas las expectativas externas que cargo. El ego que me estaba creciendo. Espero que lo biodegrades todo junto y que, si me tienen que volver a crecer por ciclos de la vida, me lo devuelvas nutrido, transparente y liviano. Así, llegarán con buena energía, sabré que están ahí pero ni serán visibles ni cargaré su peso. 





[He puesto un poco de tu perfume en mi almohada pensando que así te notaría más cerca].  
Qué equivocada estaba.
Te noto tan cerca que te sé tan lejos que creo que ha sido peor la solución que el problema.
A veces las costumbres pesan.
Ya me lo decías tú.



20 de Junio de 2020. 

Se me hace raro estar sentada en la silla con el escritorio en esta nueva disposición. Pero como te decía hoy por teléfono, es la tercera vez en lo que va de semestre que cambio de orden las cosas de mi habitación. "¿Por qué?", me has preguntado. Quería refrescar las energías, de vez en cuando lo necesito. 

De lo que no me había dado cuenta es de que cada vez que lo hago coincide en que estoy pensando en algo. Hoy, después de unos días de introspección, por fin he conseguido entender qué me ha estado apretado el pecho últimamente. La respuesta: la velocidad. Y sí, hablo de velocidad y no de celeridad, porque además de la rapidez del movimiento, también hablo de su dirección. ¿Tiene que tener siempre dirección algo que se acelera? 
Mientras escribo esto, pienso en lo relativa que es la velocidad (al igual que todo en la vida). ¿Quién dice que pasar de 0 a 100 en una semana es rápido si el Bugatti Veyron acelera eso en 2,6 segundos? 


No sé si me voy a chocar a toda velocidad contra un muro de cemento que se levante de repente o si voy a seguir a toda pastilla sin encontrarme nada que me haga frenar. No sé si vamos a frenar juntos, o si vas a frenar tú en seco o si vamos a decidir acelerar más. No sé si el trayecto va a durar una semana o va a durar un mes o igual un año. Pero tampoco quiero pensarlo más. No quiero pensar en la velocidad a la que estamos acostumbrados a llevar esto. No quiero pensar en lo político-socialmente correcto. Quiero que sigamos así. Esto ha sido un descubrimiento inesperado de dos gotas de algún líquido que ha formado una mezcla homogénea y que puede - o no - continuar. Quiero seguir girando para que no sea yo la causa de que se pierda la homogeneidad de este encuentro solo por miedo. Quiero seguir siendo consciente de que tú eres A y yo soy B, y de que aunque esta mezcla me resulte inverosímil e increíble, todo tiene su tiempo. Tiempo que veces dura un segundo y, otras veces, años. Quiero seguir sintiendo, porque ese debe ser el mejor velocímetro.

Tal vez removiendo las energías mis preguntas consiguen respuestas, porque se me hace raro estar sentada en la silla con el escritorio en esta nueva disposición y con esta nueva conclusión. 

Ayer, a punto de dormirme, me puse hacia mi derecha en posición fetal y crucé los brazos delante de mi imaginando que eran los tuyos y que me estabas dando un abrazo fuerte, de los de siempre antes de dormir.   

Día 9317 de vida. Primera vez que siento que mi cama de 0.90cm me queda grande. Qué raro se me hace echar de menos a estas horas y a esta velocidad. 

Ojalá en mi reloj y cronómetro mental se difumine el calendario y se nitiden las emociones. 




29 de Marzo de 2020

Hoy, por segundo día consecutivo me he despertado con la luz natural en vez del despertador. Aunque me he despertado un poco más tarde de lo que pretendía (para variar), qué placer da no despertarse con un estrepitoso sonido que te saca del sueño profundo. 

He cogido el móvil y he visto que Alitas me había enviado una foto de todo nevado. Me he levantado de la cama corriendo, no sé si pensaba que si no corría de mi cama a la ventana, se iba a derretir la nieve. La emoción ha podido conmigo. ¡Ayer estábamos tomando el sol y hoy había nevado! Qué bonita es la vida, pensé. 

Pensé en la suerte que estábamos teniendo de vivir la vida con tanta pasividad estos días. De aprovechar y admirar esos pequeños momentos que quitan el aire. Me sentí afortunada de poder quedarme observando por la ventana la nieve sobre los coches, el césped y los arbustos. Qué bonito se veía. 

Después pensé en la frase que me dijo ayer mi abuela mientras veíamos el ballet de La bella durmiente en el teatro de Bolshoi en internet.
-Mija, qué hora es allá?
-Abuela, son las 22.34h 
-Ah bueno. Igual no tiene nada mejor que hacer. 

No sé si ella piensa que la llamé para que viéramos el Ballet solo porque “no tengo nada mejor que hacer”. La verdad es que la llamé porque sentí que por fin podía dedicarle a ese ser humano que tanto quiero un rato de calidad de mi vida, qué mejor que haciendo una de las cosas que a ella más le gustan: ver ballet. 

-Abuela vemos La bella durmiente juntas? 
-Sí mija.
-Por skype?
-Yo no tengo Skype, acuérdate que no me funciona.
-Te llamo por Zoom? 
-No mija porque sino no podemos ver el Ballet en el computador.
-Ah bueno abuela. Te llamo por Whatsapp. 

Qué afortunada fui con que aceptase mi invitación. Nos llamamos por videollamada de WhatsApp (sí, de Whatsapp y ella tiene 88 años) y nos pusimos ambas el vídeo de Youtube. Me “confesó” que ya había visto esa obra (por n-ésima vez en su vida) esa misma mañana a la hora exacta a la que la habían publicado. Me la imagino sentada en la silla del computador 5 minutos antes de que lo subieran. 

[Nohra López llamando por Whatsapp]
-Abuela! no me contestabas
-Mija es que tenía el celular sin batería. Ya lo conecté. Corra que ya empezó. Yo ya lo abrí.
-En qué minuto vas?
-Por el minuto que va eso mija.
Intenté afinar mi oído para escuchar por qué parte iba la canción y así poder poner el vídeo mío más o menos por donde iba mi abuela.

Empezó la magia. Mi abuela me relató cada una de las escenas, les ponía sentimiento a cada “frase” que se supone que decían los bailarines con sus movimientos. Me contó el cuento a medida que lo bailaban. Me comentó cómo se llamaban algunos de ellos, de dónde eran, cuánto llevaban en el Ballet, qué otras obras habían hecho. Me enseñó que la música lenta se llamaba hadayo y la música rápida se llamaba alegro. Me contó que si era muy rápida era “presto” y si era mucho mucho más rápida era “prestissimo”. “Palabras italianas como ves”. Me enseñó cómo se había creado la música y la coreografía de esta obras de arte, acompañado esto de una bibliografía tanto del ruso Tchaikovsky (el creador de la música) como del francés Marius Petipa (el coreógrafo), transmitiéndome toda su pasión y admiración por estos Maestros. Me recalcó lo mágico que es que estas obras sigan haciéndose a día de hoy -2020- habiendo sido creadas hace más de 120 años -alrededor de 1890-.  
Aprendí incluso sobre un joyero ruso que se llamaba Fabergé, considerado uno de los orfebres más famosos del mundo, que destacó por los 79 preciosos huevos de pascua que hizo.

De entre muchas de las frases que dijo a lo largo de las 2h de la función, me acuerdo de:

-Mija, es que vea que Zakharova es demasiado perfecta. No descuida ni el dedo meñique. Mírele esas piernas tan bonitas. Y esas manos. Y como se mueve. Parece ingrávida.
-Qué sentirá este muchacho bailando con Zakharova. Qué teso! Véale también esas piernas tan largas. Me encanta. Y ese pelito: ni largo ni cortico le favorece. Tan lindo. 
-Mija, aquí viene el padedé. El padedé son tres partes siempre: primero bailan ambos, después hace cada uno un solo y después hacen la coda. 
-Mire. Esta es la música polonesa. 
-En esta obra me parece muy raro que cuando ella se pincha y todos quedan dormidos, se quedan todos de pie. Ahora la gente duerme parada o qué. Como las vacas y los caballos. [se muere de la risa]. Y además ella supuestamente dormida, baila. ¡Ahora bailamos hasta muertos! Como en las óperas cuando les acuchillan [se muere de la risa]
-¡Mija vea, aquí le hacen honor a varios cuentos de los hermanos Grimm! A mi los que más me gustan son los gatos. Míreles qué movimiento. Realmente se parecen a Michín y a Merlín. Así están todo el día. Ah? vea qué belleza.
-Mija, vea. Otro hadayo. Esto sí es espectacular.
-No, no, no! Qué exactitud de giro. Qué perfección. Qué movimientos.
-Mija vea, ya llegó el príncipe a rescatar a La bella durmiente. Se le acabó el confinamiento por Corona Virus [se muere de la risa]

Ella siempre con su humor, cómo no. 

Mientras transcurría la función me iba contando cosas. Me contó de la libélula que rescató de la cortina de la sala y que a los dos días volvió a ver en el mismo sitio y decidió dejarla. Me contó que había decidido invertir su tiempo en organizar y limpiar toda la casa: empezando desde el cuarto útil de abajo y acabando, según ella, organizando todos sus papeles del cuarto. Me dijo que no estaba aburrida y que no se le hacía duro no salir de la casa. Que estaba muy contenta y tranquila. Que a veces salía a caminar por la unidad y Michin la perseguía. “Mija, usted puede creer? Se viene a caminar conmigo. Es el primer gato que persigue a su ama. Es más perro que gato”. 

-Mija, es que vea qué suerte tenemos. Antes para ver esto uno tenía que viajar hasta Moscú, pagar alojamiento y entrada al Teatro Bolshoi. Vea hoy. Estamos en nuestra casa, podemos comentar toda la obra en voz alta y sin pagar ni un peso!!
-Abuela y además estamos juntas!!
-Además.

Me despedí de ti con el aire entrecortado porque creo que tenía el corazón tan ensanchado que me ocupaba el hueco de los pulmones también. 

Gracias abuela. Gracias por esas dos horas mágicas en las que me comentabas sobre la belleza de la música, el poder de la actuación de los bailarines, las luces, la escenografía, las vidas de ellos y tu vida. Gracias infinitas por repetir la función conmigo. (Me di cuenta que esas dos horas sentadas te “costaron” un poco de esfuerzo. Veía cuando te levantabas a estirar aunque pretendías que no te viese porque girabas un poco la cámara. Y sé lo poco que te gusta dejar tus cosas a la mitad y ponerte a hacer otras). 

Fue todo un regalo. 
Qué suerte tenemos de poder estar viviendo la vida con tanta pasividad estos días. 






12 de Marzo de 2020. 

Hace unos años, cuando estaba leyendo un libro de PNL, había un ejercicio que consistía en cerrar los ojos y recordar algo muy doloroso. Teníamos que recordar esa imagen desde “muy cerca” y sentir ese dolor lo más fuerte posible. Tenía que alimentar ese dolor mientras imaginaba la escena con todos los detalles. Era sentir, sentir, sentir. Doler, doler, doler. Después, el ejercicio consistía en ir haciendo “zoom out” de esa imagen mental y notar cómo nuestros sentimientos disminuían también. A continuación teníamos que proponernos ver ese recuerdo en blanco y negro y notar cómo se disminuía la carga emocional. Me acuerdo de pasar de un estado anímico terrible a sentir una liberación brutal. 
No sé si alguna vez habéis hecho el ejercicio de recordar con intensidad un momento de vuestras vidas, pero os lo recomiendo (no solo de recuerdos dolorosos que queráis aligerar sino también de los bonitos que queráis re-vivir).

Hace poco me vi queriendo recordar un momento específico, pero mi memoria me jugó una mala pasada. 
O tal vez fui yo la que me la jugué. 
Se supone que tenemos memoria selectiva, pero no sabía que la memoria emocional también lo era.
Hasta qué punto mi razón influye tanto en mis emociones.
Sí, ya sé que corto de raíz muchas cosas, pero… ¿es tan eficaz? 
Parece que no sólo corté las raíces secas sino que corté la planta entera.
Parece que mi "yo" de entonces lo necesitaba. 
Mi "yo" de ahora piensa que tal vez me pasé un poco. 
Algunos sentimientos ciegan la razón.

Cuando intenté recordarlo, no tenía muy claro ni siquiera qué estaba esperando sentir. 
No sabía definir ni podía recordar qué sentía mi “yo” de aquella situación. 

Apreté más aún los ojos e intenté con todas mis fuerzas atraer una imagen del recuerdo a ver si podía sentir algo, algo que me dejase entender, algo que abriese un poco el camino para poder seguir comprendiendo… 
Estaba en blanco. 

Empezaba a entrar en un bucle -milisecundario- del cual era imposible salir. 
Me obligaba a continuar recordando. No lo conseguía. Ni un sentimiento. Ni una pizca de vida allí dentro. 

-¿De qué color describes esa sensación? Me preguntó.
-Amarilla. Respondió alguna parte de mí que aún no sé cuál era. 

Y entonces empecé a inhalar y a exhalar esa sensación amarilla, intentando acercarla a mí lo máximo que pudiese. 
La había encontrado por fin. La agarré y dejé que se expandiese por todas partes del cuerpo y me llegase hasta la punta de cada extremidad. 

Sentí calma. 
Calma de saber que algunas raíces, aún heridas -o arrancadas-, sienten. Calma por re-vivirlas. 
Calma de saber que somos capaces de pedirle a los recuerdos que vuelvan. 
Calma por poder inhalar y exhalar aquel sentimiento amarillo. Calma por filtrarlo. Calma por haberlo podido describir así.

Mi memoria emocional me devolvía lo que le había estado pidiendo sin saberlo.

No sabría definir el sentimiento de la sensación amarilla, pero sí sé que si algún otro día necesito aclarar lo que siento o llamar alguna emoción, le pondré un color. 
Benditos sean los colores.



La hipersensibilidad es la tendencia de una persona a sentirse afectada en sus sentimientos por cosas que para los demás resultan poco importantes. 
Muchas veces es muy bonita, como cuando se me ponen los pelos de punta con alguna historia que me emociona. Otras veces, sin embargo, es realmente agotadora. 



Lloro en los aeropuertos en la zona de llegadas.  
Me llegan al fondo del alma las personas: todo. Lo bueno y lo malo que hacen. Vivo ambas intensamente. 
Lloro cuando veo vídeos de animales maltratados. A veces me han dado hasta cuadros de ansiedad. 
Me cuesta respirar cuando veo un accidente de tráfico -el otro día justamente uno en la autovía-. 
Lloro en las películas cuando la mascota se muere o cuando los familiares se separan por causas mayores. O por causas menores. En general, cuando hay una despedida. 
Me apasiona ver un pájaro volando, un árbol moviéndose con el viento, un perro tomando el sol. 
Sufro cuando veo una persona homeless en la calle. 
Sufro cuando veo noticias de ancianos viviendo la soledad. Sufro cuando pienso en el hambre del mundo. En los incendios de Australia. En tanto ser vivo sufriendo. 
Lo paso realmente mal cuando escucho una historia conmovedora. 
Sufro con mis amigxs. Cargo con las cruces de mi familia. 
Me da felicidad inmensa ver esperanza en el planeta. 
Ver gente que se mueve a conseguir las cosas. 
Disfruto del triunfo ajeno. Del éxito buscado, encontrado y merecido. 
Lloro cuando mi padre me dedica una canción. 
Cuando mi madre me muestra su amor con un masaje en las manos o comprándome comida vegana. 
Cuando veo a mis hermanos con sus respectivas parejas quieriéndose así de bien. 
Cuando siento a mis padres dándose un abrazo tranquilizador o viendo que con una frase que uno le dice al otro, se calman. 
Me estremece pensar en cómo un ser humano puede ser miel en la vida de otro ser humano de una forma tan bonita. 
Me da curiosidad ver el mundo a través de los ojos ajenos. Me gustaría vivir un par de horas en los ojos/y realidad de varias personas diferentes.
Me hace feliz escuchar una carcajada en la calle. Suele darme risa a mi también. 
Se me aprieta el corazón por muchas cosas.
Pero también se me expande por muchas otras. Se me llena el alma de alegría cuando miro el mar, el cielo, el sol, la luna, las estrellas, mi familia, mis amigos, los niños jugando. La gente, en general. 


La primera acepción que tiene la RAE para "dinamismo" es: 
1. m. Energía activa y propulsora

El dinamismo de la vida me inquieta. Hace un poco más de un año, publicaba esto en Facebook:

"2019 let me keep enjoying every window you open for every door you close.
Let me enjoy other hundred pistachio ice creams, breakfasts with avocado, every airplane wake in the sky, sunsets, sunrises and stars. Give me (once more) the opportunity to do -at least- few things for the very first time in my life, to travel a lot, to meet new-amazing people and to spend a lot of time with my dogs, my family and my dearest friends... but most of all: I wish I could recognize a daily reason to smile like this, to enjoy every little detail of life and to be with my arms wide open to accept everything you will give me.
I will auto-mind-tattoo for this year four axioms: Priorities are important. Happiness is a feeling. Everything happens for a reason. Distance will give me perspective. Always. 💛
Thanks 2018 for being THE YEAR."


Hoy lo leo y se vienen a mi mente -a modo de película antigua- mil momentos mágicos que he vivido desde entonces. Desde luego que el 2018 fue un año espectacular. Se me juntaron muchas cosas: cambios mentales, espirituales, en mi forma de vivir, de alimentarme e incluso algunos físicos -algo que parece tan "tonto" como cortes de pelo, pero que va más allá de ahí-. Tuve, además, dos de las experiencias más apasionantes de mi vida: el ERASMUS en Trieste, Italia y unas prácticas en Pilsen, República Checa.  2018 indudablemente fue uno de mis años más bonitos. ¡Cuántos momentos me quitaron el aire!

Qué vida más dinámica. Pienso.

Me acuerdo de toda la gente que conocí y a la que tanto quise a lo largo del año. A quienes fueron mis hermanas en el ERASMUS, a mis amigxs de allí con quienes pasaba casi las 24h del día, a mis jefes de Pilsen que tanto me cuidaron. Me acuerdo de lo mucho que me apegué a David y lo feliz que me hacía su compañía. Y, cómo no, me acuerdo de que por primera vez en mi vida dije lo que sentía, aún sabiendo que no era recíproco. (Darse lugar a una misma a veces es complicado, pero cuando se hace, es taaaan satisfactorio). Me acuerdo lo intenso que viví en ambas ciudades. Me acuerdo de que llegué a España y empecé el máster.  Con mi nueva vida en Valencia, llegaron mis queridos roomies y con el máster llegaron personas a revolcar mi vida. Tanto, que creí que había encontrado el amor al mes de llegar, y no. Y luego a los dos meses. Y tampoco. Dos decepciones en tres meses. Ahí se subió mi barrera otra vez.

Qué dinámica la vida. Pienso.

Y sin embargo, qué bonita la convivencia que tienen el dinamismo y la quietud. Match perfecto. Me acuerdo de las personas con quienes compartí mi vigésimo cuarto cumpleaños y, aunque un par ya no hacen parte de mi vida en absoluto, la gran mayoría permanecen en ella. 

Como persona amante de los números, me gusta el equilibrio entre constantes y variables.
Me da sosiego.

Al 2019 le agradezco la decisión de haberme vuelto vegana. El aprendizaje de priorizar ciertas cosas y no querer abrir muchas puertas. Le agradezco mi primer año de máster: una locura completa a nivel académico, pero uno de los mejores años de universidad. Gracias por haber empezado teniendo a Trieste conmigo. Gracias también por haber sido tan intenso con IAESTE. Cómo he disfrutado y aprendido. Gracias por Glasgow. Gracias por haberme traído a la vida tantos conocimientos del medio ambiente y los animales.  Gracias por traerme a Rep.Checa a Valencia. Gracias por permitirme derrumbar mi barrera otra vez y por no volverla a subir del todo ante la decepción. Gracias por enseñarme que las barreras que tengo sí las puedo ir tirando abajo y las que no, al menos las puedo ir debilitando. Gracias por traerme a Turquía a Valencia. Gracias por llevarme a Gandía. Gracias porque mis hermanos fueron a Medellín. Gracias por permitirme cuidar a los míos. Gracias por mandarme a Copenhague. Gracias por haberme revolcado contra el suelo y haberme producido un terremoto interior. Hacía ya un par de años que no lo notaba tan intenso y creo que es necesario para hacerme levantar más fuerte. Gracias porque no sólo me revolcaste, sino que me hiciste levantar sola. Gracias por darme paz interior. Gracias por Skat y por Key. Gracias
por mis perras, ratata, J1, modelling la tortilla y a tutti. Gracias por traer a mi prima, a Glo y a Sori a CPH. Un respiro. Gracias por Gael, que me enseña lo simple que es ser feliz. Gracias por darme la sabiduría para priorizar cuando lo necesito las videollamadas con mi abuela, mis padres, mis hermanos o algunx amigx. Máster, gracias por enseñarme tanto y por dejarte estudiar tan agusto. Navidades, gracias por recargarme de amor, recordarme lo que me hace feliz, quién soy, qué quiero y por qué tomé la decisión que tomé. Gracias por recargarme de energía y de fuerza para continuar.

2020 let me keep enjoying every window you open for every door you close.
Let me enjoy other hundred new vegan meals, breakfasts with coffee, every airplane wake in the sky, sunsets, sunrises and stars. Give me (once more) the opportunity to do -at least- few things for the very first time in my life, to travel a lot, to meet new-amazing people and to spend a lot of time with my dogs, my family and my dearest friends... but most of all: I wish I could recognize a daily reason to smile like this, to enjoy every little detail of life and to be with my arms wide open to accept everything you will give me.

I will auto-mind-tattoo for this year four axioms: Priorities are important. Happiness is a feeling. Everything happens for a reason. Distance will give me perspective. Always. 💛
Thanks 2019 for being THE YEAR, once more."


Y así, veo que el dinamismo de la vida es solo en las cosas pasajeras: ni el helado de pistacho ni el aguacate en mis desayunos, son parte de mi rutina. Sin embargo, el resto de cosas que describo, aquellos detalles pequeños que pedí y todos los axiomas, continúan. Me sorprende pensar que con todo el dinamismo que hay en 365 días, el 99% del texto haya permanecido intacto.

2020, permíteme seguir sintiendo así, desde lo más profundo, para seguir siendo quietud en este cambiante mundo. 


1317’’ 

Hay días en los que hace falta algo menos que eso para que la sensación embriague. Igual la humedad del ambiente ayuda a que la soledad se me cale hasta los huesos. Se me juntan un par de motivos, unas cuantas personas, varias emociones y muchos de meses sin ir a casa. No sé qué quiero, ni a quien quiero, ni a quien no quiero, ni por qué sí, ni por qué no. Solo sé que a veces me encuentro pensando que ojalá. Ojalá recostarme en unos brazos. Ojalá dormirme con unos brazos. Ojalá dejarme caer en esos días grises y saber y sentir que hay alguien ahí que me recoge. Ojalá, ojalá, ojalá. 
Hay otros días en los que me sorprendo a mí misma abrazando con todo mi amor la “soledad” y sintiéndome afortunada por saber estar así y disfrutarlo tanto. Otros, me despierto huyendo de cualquier abismo de cariño extra que intente germinar por aquí adentro. Le dejo morir o le hago morir. A veces pienso que, desde luego, para cobarde -en algunas ocasiones- no me gana nadie. 
Hoy me he despertado simplemente cuestionándome por qué. Por qué sí eso. Por qué no aquello. Por qué siempre igual. Por qué hay días tan opuestos. Por qué la marea aquí dentro sube y baja tan abruptamente. Qué pasa. Qué hacen el sol y la luna para que yo cambie tanto. 
28 de Diciembre de 2019. 

Y sí. 

“El amor está condicionado en esta época hasta por la comida. Qué duro”. 

Estábamos los dos sentados en el salón. Tú jugabas tu querido juego de cartas en el iPad y yo intentaba descifrar palabras danesas para hacer gestiones del banco de allí. Y de repente, sin más, nos pusimos a hablar del amor. Te conté que últimamente me rondaba por la cabeza la idea de lo complicado que se me haría estar con alguien que comiese animales. Y entonces ahí me respondiste eso: “O sea que el amor está condicionado en esta época hasta por la comida. Qué duro”. Y dejé de intentar traducir el danés, para intentar digerir tu frase. Y sí. Qué duro. ¿Hasta qué punto estaba llegando yo? ¿Hasta que punto estaba llegando mi capacidad de ser una ermitaña? ¿A dónde me había llevado mi soledad? ¿Me gustaba esa versión de mi?

Se me hizo un nudo en la barriga que intentaba digerir esas palabras. Otro en la mente que intentaba procesarlas y otro en la garganta que intentaba explicarse. Ninguno de los tres se desató hasta un par de horas después, que volví a sacarte el tema. Me propusiste que si tan “igual me daba lo que los demás hacían”,  por qué no lo apartaba de verdad de mi cabeza y de mis sentimientos. Me cuestionaste el hecho de creer que la verdad que yo tomo como verdad, tenga que ser la verdad para todos, por sensata que me parezca. Me hiciste replantear lo cabezota que me he estado poniendo estos últimos meses y lo rígida y, tal vez, insoportable que me había vuelto con este tema. 

Creo que la razón de estar así, la tengo. No la justifico, porque tienes razón: me he ido a un extremo que más que facilitar y aligerarme el peso, me estaba pesando, por intentar cosas que no puedo conseguir. Pero papá, nadar en contra de la corriente es muy difícil y, al final, una tiene que tomar medidas que le ayuden a toda costa a no rendirse. Mis medidas fueron ponerme unas aletas en las manos y en las piernas que -aparte de ayudarme a nadar- me evitasen frenar. Unas aletas que eran gruesas, que me ayudaban a sobrepasar comentarios y situaciones sin que apenas se me cambiase la dirección del nado, ni la energía con la que iba, ni la inercia que llevaba. 
Gracias por no quitarme las aletas, ni hacerme nadar en dirección opuesta. Gracias por respetarme el camino, aunque no lo compartamos. Y gracias por recordarme lo importante que es no intentar abarcar con mis aletas a todos los que vienen en la otra dirección. Porque así como yo decidí esa, cada uno decide la suya. Me has aligerado el nado. Como dice mamá, qué importante es saber escuchar.


8 de Septiembre de 2019.


Escribiste tu nombre en las esquinas de mi habitación. Dibujaste unos cuantos atardeceres en la pared de en frente de un blablacar. Me tatuaste la forma de mi columna vertebral. Gravaste unos helados en las ruedas de una bici. Trazaste un par de noches en el viento fresco. Contaste constelaciones. Dibujaste dos cervezas en la reja de mi casa. Me enviaste por correo tres alegrías compartidas y escribiste sobre los apuntes un par de enfados irracionales. Me gustaba el guión aunque el teatro parecía estar vacío. Así, como me gusta, yo tenía menos protagonismo. En realidad, no pensé que fuese un arma de doble filo. Esculpiste un par de acelerones. Patiné. Surfeaste. Alcanzamos casi la velocidad máxima pero no sobrepasamos la permitida. Dibujaste una decisión en una boca. Empuñaste una decepción. Buscaste una pregunta. Sentenciaste un desenlace. 
Me quedaré con lo bueno. Al fin y al cabo ni los helados, ni mi columna vertebral, ni los atardeceres, ni las estrellas, ni los dibujos, ni las cervezas, ni los correos, ni el viento, ni los no-asistentes al teatro me hicieron daño. Solo tu nombre. Y ¿sabes? me estoy mudando. Lo he hecho física y estoy en lo mental. Me quedaré con el resto. Me daré tiempo. 


Al fin y al cabo, siempre le he tenido mucho respeto al mar. Y tú firmabas con una ola. Esa era tu definición. Una ola. Disfrutar de cada segundo desviviéndote. Te quise por ello, aunque fuese eso mismo lo que me abrió la herida. Me enseñaste mucho de mi misma. Te quise.(Ya puedo decirlo en pasado -reciente, pero pasado-.)

24 de Octubre de 2019.  Hoy mis papás cumplen 40 años juntos. ¡40! Y aún así, yo me atrevo a dudar a veces en que el amor exista. Para mi yo de esos momentos: 

"Hoy son 33 añitos de matri y 40 desde que comenzamos el noviazgo...
Hemos tenido el ENORME privilegio d  poder andar juntos  x las buenas y no tan buenas situaciones que nos ha presentado esta vida, la cual ha sido infinitamente más llevadera en tu compañía.
Hemos vivido tantísimas cosas juntos!!
Lo mejor, sin duda, han sido esos tres maravillosos seres llamados hijos, por los que hemos dado -con todo nuestro amor- nuestra vida entera y lo seguiremos haciendo.
Ellos nos han enseñado tanto!
Y aquí seguimos, aprendiendo y aprendiendo cada día e intentando hacer las cosas bien y sobre todo con amor, siempre dando gracias a Dios por tanto privilegio.
Si algo hemos aprendido es que el amor es la clave de todo, de absolutamente todo, no sólo hacia esposo o esposa e hijos, sino amor por TODO lo que hacemos, amor al tratar los que nos rodean, amor por el trabajo, amor con nuestras mascotas, amor amor y más amor...
FELIZ ANIVERSARIO!!!
❤❤❤❤❤" 

"Treinta y tantos años caminando juntos en las buenas y en las malas o no tan buenas , siempre apoyados en ese amor puro y duro que igualmente hemos ido fortaleciendo , con respeto , tolerancia y sabiendo que crecemos juntos en la tolerancia de la diferencia , aunque sean toneladas de cervezas las que se derramen espumosas para continuar  el camino 
Te amoooooo mi lindo". 

"You are the air I need to breathe
The river of life inside of me
You are the half that made me whole
You are the anchor of my soul
And you are strong when I am weak
You are the words when I can't speak
You never fail to see me through
That's the love I found in you
You are my shelter from the storm
You are the road that leads me home
And baby with you here face to face
Oh I know I've found my place
And you are strong when I am weak
You are the words when I can't speak
You never fail to see me through
That's the love I found in you
And once in every life
You find the one that's right
And when you say forever it's true
That's the love I found in you
You are strong when I am weak
You are the words when I can't speak
You never fail to see me through
That's the love I found in you
That's the love, love I found in you."

-The Love I have found in you - Jim Brickman

I can't remember when you weren't there
When I didn't care for anyone but you
I swear we've been through everything there is
Can't imagine anything we've missed
Can't imagine anything the two of us can't do
Through the years
You've never let me down
You turned my life around
The sweetest days I've found
I've found with you
Through the years
I've never been afraid
I've loved the life we've made
And I'm so glad I've stayed
Right here with you
Through the years
I can't remember what I used to do
Who I trusted whom, I listened to before
I swear you've taught me everything I know
Can't imagine needing someone so
But through the years it seems to me
I need you more and more
Through the years
Through all the good and bad
I knew how much we had
I've always been so glad
To be with you
Through the years
It's better everyday
You've kissed my tears away
As long as it's okay
I'll stay with you
Through the years
Through the years
When everything went wrong
Together we were strong
I know that I belonged
Right here with you
Through the years
I never had a doubt
We'd always work things out
I've learned what love's about
By loving you
Through the years
Through the years
You've never let me down
You've turned my life around
The sweetest days I've found
I've found with you
Through the years
It's better everyday
You've kissed my tears away
As long as it's okay
I'll stay with you
Through the years

-Through the years - Kenny Rogers



40 años juntos. Demostrándonos que la vida es una lucha continua y que juntos, la vida es más. Siendo el mejor ejemplo a seguir y poniendo en cada paso todo el empeño posible. "Pa'trás ni pa' coger impulso". Todo lo que tengo os la debo a vosotros. ¡¡¡¡¡Gracias por tanto y por tanta felicidad!!!!!! Brindo por otros mil años de vuestro amor, que me hace saber que sí existe. ❤️