29 de Marzo de 2020
Hoy, por segundo día consecutivo me he despertado con la luz natural en vez del despertador. Aunque me he despertado un poco más tarde de lo que pretendía (para variar), qué placer da no despertarse con un estrepitoso sonido que te saca del sueño profundo.
He cogido el móvil y he visto que Alitas me había enviado una foto de todo nevado. Me he levantado de la cama corriendo, no sé si pensaba que si no corría de mi cama a la ventana, se iba a derretir la nieve. La emoción ha podido conmigo. ¡Ayer estábamos tomando el sol y hoy había nevado! Qué bonita es la vida, pensé.
Pensé en la suerte que estábamos teniendo de vivir la vida con tanta pasividad estos días. De aprovechar y admirar esos pequeños momentos que quitan el aire. Me sentí afortunada de poder quedarme observando por la ventana la nieve sobre los coches, el césped y los arbustos. Qué bonito se veía.
Después pensé en la frase que me dijo ayer mi abuela mientras veíamos el ballet de La bella durmiente en el teatro de Bolshoi en internet.
-Mija, qué hora es allá?
-Abuela, son las 22.34h
-Ah bueno. Igual no tiene nada mejor que hacer.
No sé si ella piensa que la llamé para que viéramos el Ballet solo porque “no tengo nada mejor que hacer”. La verdad es que la llamé porque sentí que por fin podía dedicarle a ese ser humano que tanto quiero un rato de calidad de mi vida, qué mejor que haciendo una de las cosas que a ella más le gustan: ver ballet.
-Abuela vemos La bella durmiente juntas?
-Sí mija.
-Por skype?
-Yo no tengo Skype, acuérdate que no me funciona.
-Te llamo por Zoom?
-No mija porque sino no podemos ver el Ballet en el computador.
-Ah bueno abuela. Te llamo por Whatsapp.
Qué afortunada fui con que aceptase mi invitación. Nos llamamos por videollamada de WhatsApp (sí, de Whatsapp y ella tiene 88 años) y nos pusimos ambas el vídeo de Youtube. Me “confesó” que ya había visto esa obra (por n-ésima vez en su vida) esa misma mañana a la hora exacta a la que la habían publicado. Me la imagino sentada en la silla del computador 5 minutos antes de que lo subieran.
[Nohra López llamando por Whatsapp]
-Abuela! no me contestabas
-Mija es que tenía el celular sin batería. Ya lo conecté. Corra que ya empezó. Yo ya lo abrí.
-En qué minuto vas?
-Por el minuto que va eso mija.
Intenté afinar mi oído para escuchar por qué parte iba la canción y así poder poner el vídeo mío más o menos por donde iba mi abuela.
Empezó la magia. Mi abuela me relató cada una de las escenas, les ponía sentimiento a cada “frase” que se supone que decían los bailarines con sus movimientos. Me contó el cuento a medida que lo bailaban. Me comentó cómo se llamaban algunos de ellos, de dónde eran, cuánto llevaban en el Ballet, qué otras obras habían hecho. Me enseñó que la música lenta se llamaba hadayo y la música rápida se llamaba alegro. Me contó que si era muy rápida era “presto” y si era mucho mucho más rápida era “prestissimo”. “Palabras italianas como ves”. Me enseñó cómo se había creado la música y la coreografía de esta obras de arte, acompañado esto de una bibliografía tanto del ruso Tchaikovsky (el creador de la música) como del francés Marius Petipa (el coreógrafo), transmitiéndome toda su pasión y admiración por estos Maestros. Me recalcó lo mágico que es que estas obras sigan haciéndose a día de hoy -2020- habiendo sido creadas hace más de 120 años -alrededor de 1890-.
Aprendí incluso sobre un joyero ruso que se llamaba Fabergé, considerado uno de los orfebres más famosos del mundo, que destacó por los 79 preciosos huevos de pascua que hizo.
De entre muchas de las frases que dijo a lo largo de las 2h de la función, me acuerdo de:
-Mija, es que vea que Zakharova es demasiado perfecta. No descuida ni el dedo meñique. Mírele esas piernas tan bonitas. Y esas manos. Y como se mueve. Parece ingrávida.
-Qué sentirá este muchacho bailando con Zakharova. Qué teso! Véale también esas piernas tan largas. Me encanta. Y ese pelito: ni largo ni cortico le favorece. Tan lindo.
-Mija, aquí viene el padedé. El padedé son tres partes siempre: primero bailan ambos, después hace cada uno un solo y después hacen la coda.
-Mire. Esta es la música polonesa.
-En esta obra me parece muy raro que cuando ella se pincha y todos quedan dormidos, se quedan todos de pie. Ahora la gente duerme parada o qué. Como las vacas y los caballos. [se muere de la risa]. Y además ella supuestamente dormida, baila. ¡Ahora bailamos hasta muertos! Como en las óperas cuando les acuchillan [se muere de la risa]
-¡Mija vea, aquí le hacen honor a varios cuentos de los hermanos Grimm! A mi los que más me gustan son los gatos. Míreles qué movimiento. Realmente se parecen a Michín y a Merlín. Así están todo el día. Ah? vea qué belleza.
-Mija, vea. Otro hadayo. Esto sí es espectacular.
-No, no, no! Qué exactitud de giro. Qué perfección. Qué movimientos.
-Mija vea, ya llegó el príncipe a rescatar a La bella durmiente. Se le acabó el confinamiento por Corona Virus [se muere de la risa]
Ella siempre con su humor, cómo no.
Mientras transcurría la función me iba contando cosas. Me contó de la libélula que rescató de la cortina de la sala y que a los dos días volvió a ver en el mismo sitio y decidió dejarla. Me contó que había decidido invertir su tiempo en organizar y limpiar toda la casa: empezando desde el cuarto útil de abajo y acabando, según ella, organizando todos sus papeles del cuarto. Me dijo que no estaba aburrida y que no se le hacía duro no salir de la casa. Que estaba muy contenta y tranquila. Que a veces salía a caminar por la unidad y Michin la perseguía. “Mija, usted puede creer? Se viene a caminar conmigo. Es el primer gato que persigue a su ama. Es más perro que gato”.
-Mija, es que vea qué suerte tenemos. Antes para ver esto uno tenía que viajar hasta Moscú, pagar alojamiento y entrada al Teatro Bolshoi. Vea hoy. Estamos en nuestra casa, podemos comentar toda la obra en voz alta y sin pagar ni un peso!!
-Abuela y además estamos juntas!!
-Además.
Me despedí de ti con el aire entrecortado porque creo que tenía el corazón tan ensanchado que me ocupaba el hueco de los pulmones también.
Gracias abuela. Gracias por esas dos horas mágicas en las que me comentabas sobre la belleza de la música, el poder de la actuación de los bailarines, las luces, la escenografía, las vidas de ellos y tu vida. Gracias infinitas por repetir la función conmigo. (Me di cuenta que esas dos horas sentadas te “costaron” un poco de esfuerzo. Veía cuando te levantabas a estirar aunque pretendías que no te viese porque girabas un poco la cámara. Y sé lo poco que te gusta dejar tus cosas a la mitad y ponerte a hacer otras).
Fue todo un regalo.
Qué suerte tenemos de poder estar viviendo la vida con tanta pasividad estos días.