Humana.

 "A esta tierra venimos a ser completos, no perfectos. Y como somos completos, tenemos sombras." Me dijiste durante nuestra llamada. 

Y sí, cuanta razón tienes. Cuántas cosas me quedan aún por aprender. Cuántos caminos me quedan aún por deshacer y volver a hacer de la manera correcta. Que no. Que no puedo querer saberlo todo. Que no puedo pretender tener todo bajo control y tener toda la información disponible para mi. Que no. Que ser responsable también implica aceptar que no sabemos algo. Que el hecho de no saber nos da la enorme ventaja de poder aprender. Nos permite fallar, preguntar, crecer. Que no. Saberlo todo no nos pone un valor, ni no saberlo nos lo quita. 

Y sí. Cuánta razón tienes. Cuántos caminos tengo que hacer todavía. No puedo tapar el sol con un dedo. Tengo que darme espacios y tiempos. A mi y a los que me rodean. Tengo que ganarme ese espacio que demando, no lo puedo pedir por igualdad de condiciones. Llevan ya muchísimos años de ventaja. Sólo podemos competir con esa ventaja que nos llevan si somos capaces de hacer el proceso. Ese proceso de construcción. Rehacer ese camino. 

Y sí. Son verdades como puños. Pero los puños no tienen por qué ser agresivos. Los puños pueden tener también la connotación de despertar. Los puños hacen que estés atentx. Abren los ojos. 

¿Hasta qué punto mi autoexigencia me está frenando? Cuanto más me exija, más esperarán de mi. ¿Qué quiero sino? ¿Quiero saberlo todo? ¿Sé decir que no sé?  ¿Cuáles son mis límites? 

La construcción de la gran mujer que quiero llegar a ser requiere eso, construcción. Esa construcción es un camino. Ese camino requiere aprendizajes e interpretaciones diarias. Esas lecciones que voy adquiriendo me irán formando para llegar mi gran objetivo. Construiré mi camino con todas mis habilidades técnicas,  mis habilidades transversales y mi sombra. Construiré mi sobra para que mi ego no me consuma luego. Para nunca subirme sobre él. Para que siempre sea capaz de decir "no sé". Para nunca creerme más que otros. Para nunca hacer sentir a otros menos que yo. Para que lo que yo creo ahora mismo que es injusto, me siga pareciendo injusto aunque sea yo la que está en esa posición privilegiada. Construiré mi sombra para no tenerle miedo. Para conocerla. Para mirarla a los ojos y saber que existe y agarrarle la mano y caminar juntas. Como lo hice con mi niña interior hoy. 

Adelaida de los 12 años. Me alegro que hayas entendido que en ese momento, tus padres te estaban dando una lección preciosa: siempre existen unos límites. Unos límites de conocimiento. Unos límites en los que tú no puedes estar. A los que no llegas. Y no pasa nada. Se vale. Esos límites no determinan que valgan más o que valgas menos. Esos límites existen así como tú existes. Cuando eras una niña te frustraba esa sensación. Te sentías pequeña y sin ser parte de algo. Sentías impotencia. Querías saberlo aunque no pudieras hacer nada. Ahora, adulta, puedes hacer cosas, sin embargo, necesitas recorrer un camino. Ese camino tiene un denominador común: la constancia. Y también tiene muchas piedras. Y muchas curvas. Y muchas salidas. Y muchas entradas. Y muchas cuestasarriba y abajo. Y gente. Y oportunidades que pasan. Aprovéchalo y úsalo. Siempre construyendo. Construyéndote a ti: tus luces y tus sombras. 

Esa sensación naranja poderosa que te recorre el cuerpo, siéntela. Integra a la Adelaida de 12 años contigo. Vete a un lugar que te de paz. Habla con Mattia. Pídele que sea humano para tú también poder serlo. Pídele que te mire con amor cuando te equivoques. Que te mire con amor cuando no sabes algo. Agradécele por haber despertado tu interés. Admírale por su inteligencia y su forma de enseñar. Cuéntale que te honra su confianza pero que te da miedo defraudarle. Cuéntale que tienes miedo de no llenar sus expectativas. Empápate de que él no tiene enormes expectativas tuyas. No te responsabilices de eso. Sé tú. Saca lo mejor de ti, como él sabe que harás. 

Quiero ser humana. Necesito ser humana. Necesito bajarme de la punta en la que estoy sentada de mi ego ahora mismo y recordarme que soy simplemente eso, una estudiante. Necesito recordarme que no necesito saberlo todo ni necesito controlarlo todo. Solo necesito constancia y compromiso. Necesito confiar en lo que sé, no en nada extraordinario. Necesito aprender a ser yo misma en todas las esferas: una excelente profesional que fue buena estudiante y es infinitamente humana. Me puedo equivocar. Puedo no saber cosas. Puedo fallar. Tengo límites. 

No por eso soy menos. Eso no me define. Saberlo todo no me representa. No quiero perfección. Quiero hacer las cosas bien. Quiero aprender y disfrutar del camino. No quiero que mentalmente esto sea más grande que yo. No puedo. No quiero. No será. Quiero gozarme mi tesis. 

Quiero ser mi propia fuerza motora y tranquilizadora. Quiero ser siempre humana. Siempre completa. 

Bienvenido Otoño. Llegas pisando fuerte. Con tus primeras hojas en el suelo también se irán todos mis miedos. Todas mis infravaloraciones. Todas mis presiones externas. Todas las expectativas externas que cargo. El ego que me estaba creciendo. Espero que lo biodegrades todo junto y que, si me tienen que volver a crecer por ciclos de la vida, me lo devuelvas nutrido, transparente y liviano. Así, llegarán con buena energía, sabré que están ahí pero ni serán visibles ni cargaré su peso. 




No hay comentarios:

Publicar un comentario