Este es el hombre que me vendió a Sisas. Lleva 13 años en la misma tienda. Llegó 45’ tarde porque, al ser su propio jefe, se permite “flexibilidad por las mañanas” ya que “la vida no es solo trabajar”. .
Ya que os cuento cómo empezó mi historia con Sisas, os cuento sobre el primer día que la cogí para ir a la universidad. Eran las 7:30am. Iba con un amigo para no tener que ir mirando Google Maps y súper emocionada porque estaba estrenando bici, no estaba lloviendo y, según mis amigos, era “todo plano y un par de subiditas”. Además, el camino atraviesa un bosquecillo, así que podía ver árboles, laguitos, escuchar a los pájaros, respirar el aire fresco y oler el olor a tierra mojada🌱. Todo era muy perfecto. Sin embargo, aquel “par de subiditas” se me hicieron eternas y pesadas. De hecho, si yo tuviese que definir el camino sería: “todo subiditas y un par de planos”, pero sé que es exageración. .
El caso es que en una de esas “subiditas”(que yo no sabía que era ya la última), estaba a punto de bajarme porque, LITERALMENTE, no podía más. De repente, un chico me puso la mano en la espalda y me dio un impulso diciéndome con voz súper enérgica: “come on!!!!!!!”. 7:45am. Creo que el nivel de susto y de risa fue el mismo, pero tenía que concentrar mi energía en seguir pedaleando porque os juro que ese mini impulso me devolvió la vida!!!! .
Cuando se lo conté a mi familia, mi madre sabiamente dijo: “a veces necesitamos esos impulsitos en la vida. Y a veces los recibimos y no nos percatamos”. .
Cuánta razón, mamá. 🌟💫
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