Mil respuestas pasan por mi cabeza. ¿Cuál
hago real? ¿Cuál escojo? ¿Cuál quiero creerme? ¿Con cuál la dejo tranquila?
Lo tengo. Ésta. Todo lo que digo es verdad,
cambio el foco de atención y no contesto a lo que realmente me preguntan sobre
mí. Eso siempre se me ha dado bien. De hecho, necesito algo así como tres dedos
y medio para contar las personas que conocen la parte de mi YO real en los
momentos más fuertes de mi vida (y una de ellas está a miles de kilómetros). Son con quienes me doy el gusto de llorar y
sentir que el equipaje pesa la mitad. Hace sólo 4 años que descubrí lo que es que
el equipaje pese menos gracias a poder vaciar cajones del alma -que pesan como una
vaca- y que duelen y desgarran por dentro sin apenas darte cuenta. Fue un punto de inflexión en mi vida. Antes no
tenía 'miedo' a reflexionar. Ahora sé que tengo que elegir un momento en el
que, aparte de tener buena cantidad de pañuelos, esté dispuesta a abrir
cajones, sacar vacas e incluso conseguir hacer caudaloso cualquier río seco... Pero vaciar mi equipaje. Antes
no sabía la maravillosa sensación de haberte desahogado por completo. Es como
la sensación de después de haber hecho deporte. Libre. Antes no sabía que en la vida
podíamos tener cosas favoritas que fueran a la vez tan duras de roer. Antes no
valoraba (tanto) el don que tienen algunas personas de escuchar. Antes no me
conocía a mi misma. Ahora tengo mucho camino que recorrer, muchas afrontaciones
conmigo misma, muchas más reflexiones y muchas más respuestas correctamente
elegidas.
Y volviendo a la respuesta del principio:
fui muy convincente. De hecho cambiamos de tema. Minipunto para mi. Aunque unos
días después volvió la pregunta, formulada en otro momento, por otra persona,
en otras circunstancias. No me dio tiempo a elegir una respuesta. Quitando la
mirada y abriendo una sonrisilla entre ojos chocolatosos, salió un: 'me
acostumbrare aunque me costará'. Y posteriormente pensé en la cantidad de ríos
que iba a poder llenar en Febrero.

No hay comentarios:
Publicar un comentario