Que sí. Que no. Que sí. Que no. Nunca me había dado cuenta de que mis pensamientos en sí podían ser los pétalos que se caen solos de una margarita. Arriesgarme. Por una vez. El tiempo. Las vueltas. De la cabeza. Una ola. ¿Surfear? Creía verme capaz. Pero me supera. Tu mirada también. Tu bondad también. Tus ganas de contarme todo y de hacerme partícipe, también. Se me queda grande. De repente subes y me alegras la mañana. O la tarde. El 30 me sabe a poco y el 100 me da pánico. La barrera ataca. Mi cuadrícula también. Caen dos pétalos más. Vamos a un sitio molongo. Hablamos de cosas profundas. Nos cogemos de la mano caminando por la ciudad. (Qué diferente parece todo en esa zona donde nadie nos conoce). La playa. La conversación. Caen tres pétalos. El sentimiento de culpa. De que no llego. De que no abarco tanto. El miedo. Los planes. Las nubes nunca me han dejado ver el cielo despejado. Y es que algunas las pongo yo, (in)conscientemente. Qué fácil es aferrarme a que no veo con claridad. Qué fácil es salir por la puerta de atrás. Surfear. Una ola. ¿Incoherencia? Incertidumbre. Distancia. Tiempo. ¿Yo? Cinco pétalos. ¿Tú? Una ola. La frase de mi querido abuelo: "no pretendas tener tanta información siempre", retumba en mi cabeza. No verlo claro me produce estrés. Jamás he sido de olas. Intentar surfearla. Creer caerme. No saber sobrellevar la situación. El mar siempre me ha dado mucho respeto. Vuelves. Paz. Me alegras la tarde. La confusión aumenta. Las palabras de mi madre. Las mías. Las tuyas. Lo que siento. Lo que hago. 
¿Por qué todo, de repente, está tan desconectado? Si yo me sentía perfectamente alineada hace dos meses cuando "todo" estaba bajo mi control. 

Remón dice que las personas libres y de almas valientes, deben estar con personas iguales. Y que mucha gente cree que está a a la altura y no hay nada más alejado de la realidad. 
Tal vez mi invitación a que salieses corriendo no iba tan en broma. Pero tú, alma libre y valiente, decides que sea yo (la cobarde/"apocalíptica") quien te cierre la puerta en la cara. Y no soy capaz. Los pétalos han parado de caer y yo he perdido la cuenta. No sé si a propósito o no. 







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