Todo cambia en un segundo. Tal vez en muchos. En un par de
actos. Tres decisiones. O cuatro, o
cinco. Da igual que vayas con 6 copas de vodka en la sangre o con 6 tazas de
café. Te cambian el rumbo e, incluso, cambian el rumbo de alguna persona que
tienes en tu vida. Izquierda o derecha. Arriba o abajo. Sí o no.
Y, en parte,
qué injusta es la vida. Qué raro es que tres decisiones cambien la percepción
que una persona tiene de ti. Dónde quedaron el resto, los otros millones de
decisiones que te han llevado hasta donde estás. Quién será esa persona para
juzgarte. Pero así es, así somos, así soy. No te juzgo, me sorprendes. Es como
si durante este tiempo hubiese estado mirando la moneda de 1 euro por el lado
del número y acabo de descubrir que tiene la parte de atrás.
Que sí, que es mi
culpa también. Todo en la vida es relativo.
Además vivimos en tres dimensiones,
obviamente tendremos más de una perspectiva… pero es que a veces me niego a
pensar que todo el mundo tenga tres perspectivas (tan) diferentes.
Creía que tú
eras una de las personas que las tenía iguales, o al menos similares.
Dios me dio muchas cosas, pero buena puntería en esto parece que no.
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