Por esos días en los que me traducías todo lo que decía Pilar y en los que me explicabas qué había que hacer. Por tantas tonterías todos los días en el bus de vuelta del colegio. Por esas miradas cómplices de punta a punta en clase con los “datos curioso” de algún compañero. Por esas mañanas en las escaleras en las que moríamos de frío. Por esos días en los que cada una decía las capas que llevaba encima. Por todas esas veces que te pregunté qué ibas a estudiar y me respondías “¿Otra vez? (Partiéndote de risa) Traducción e interpretación”. Por todas esas “buenas obras del día”. Por todas esas veces que por las mañanas sonreíamos al ver su parada vacía, todas esas risas “con” la niña pato corriendo y la pelocu con el pelo corto. Por todas esas historias incontables u olvidadas que sacábamos a la luz en el bus y que poca gente sabía. Por todas esas películas que te sabías el guion y yo ni el nombre, y por todas esas promesas de “un maratón de pelis” que aún no hemos hecho. Por todas esas series infantiles, que nos hacían ver, con canciones que se nos pegaban todo el día. Por esos momentos en el cine que, mientras todo el mundo estaba en silencio, nosotras nos reíamos. Por esa vez que estuvimos 10 minutos intentando explicar a un amigo que la película se llamaba “No tengas miedo” y no que le decía “No tengas miedo a las atracciones” (porque estaba en un parque de atracciones). Por esas veces que nos acordamos de la otra cuando dicen “es solo un amigo”. Por esas películas que repito por acompañarla. Por esa tarde en la que nos hicimos mil fotos bonitas, que todavía no han subido. Por esa cuchara que cogió para llevarse a casa, porque le parecía monísima. Por todas esas veces que le digo de mil formas que baile con nosotras y no lo he conseguido (aún). Por esos privados que me alegran el día. Por esa personalidad igual a la de ninguna. Porque aunque me tiene bastante abandonada, es lo mejor del mundo.

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