Dicen que una de las cosas más difíciles de la vida es escoger entre seguir luchando o abandonarlo todo. Es duro esperar algo que seguramente nunca pasará, pero es más duro rendirse cuando es todo lo que quieres. 
Y es que sientes que estas en un laberinto sin final donde ni siquiera existen las puertas de salida de emergencia. No se trata de los laberintos en los que juegas a encontrar una salida para mostrarle al mundo que lo has conseguido. Se trata de tu vida. Estás encerrado entre caminos que no te llevan a ningún sitio, o bueno, te llevan a muchos sitios que no te interesan. Tropiezas contra las paredes mil veces hasta que te das cuenta que te haces daño, que las paredes no puedes volver a tocarlas. Intentas buscar otra posibilidad. Pero tal vez la solución la tenga el tiempo. Tal vez en algún lugar está escondida la salida y solo el tiempo te la va a mostrar. Seguramente está donde aún no has buscado, en el lugar menos probable. Pero no te preocupes, nada dura para siempre. Todos los problemas tienen solución, y si no tienen solución son una realidad. Sin embargo el laberinto no es una realidad, es un problema, eso tenlo por seguro. Habrá un momento en el que por fin puedas respirar aire fresco. Puedas salir del laberinto y pasar de página, YO YA LO HE HECHO. Sí, pasar de página porque cada día de tu vida es una hoja de tu cuento. Tú eres el autor y el protagonista. Tú decides qué escribir. Tú decides si reír o llorar, si preocuparte o vivir, si arriesgarte o arrepentirte, si ser feliz o depender de otros. Recuerda que en cualquier momento alguien puede quitarte el lápiz y ya no podrás escribir más. Se habrá acabado y a ti puede no gustarte el final de un cuento que tú mismo has escrito. 
Por eso no pierdas el tiempo y aprovecha al máximo cada segundo. Las personas que quieren estar en tu vida harán hasta lo imposible por estar en ella, y a los que no, ¡déjales, ellos se lo pierden!


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