Cor, Sol, Men y mi ambiguedad emocional.

¿Será mi ambigüedad emocional así de jodida como para que: las personas a las que trato educadamente, se den por aludidas y lean entre líneas algo que yo ni siquiera huelo... y, sin embargo, a las personas a las que les escribo en negrita entre líneas, les grito por las pupilas y les respiro por las sonrisas, me vean como la persona más gélida, sentimentalmente hablando?
¿Será que con la misma facilidad con la que a veces acerco confusamente a quien no quiero, alejo (confusamente) a quien tampoco quisiera alejar? 

O es que quizás todo se resuma al pánico. Puede que sea el pánico de Cor. Tal vez, después de 23 años, no se haya dado cuenta de que el miedo al sufrimiento es mil veces peor al sufrimiento como tal. Igual le gustan más los números pares y está esperando a mi siguiente cumpleaños. Por lo menos la alarma ya le ha sonado. 

No sé si eso me alegra tanto como quisiera que me alegrase. Me he acostumbrado a estar con Sol y, cuando Cor salga de casa, Sol se irá también. Para bien y para mal, pero se irá lejos un tiempo. Habrá un terremoto ahí dentro y ahí fuera. Men querrá que los dos se queden, luchará por ambos. Hará fuerza hacia arriba y hacia abajo. Habrá un momento. Un giro. Jing y jang. Por primera vez en mi vida, una parte de mi quería dejar ganar a Cor. Sol, daría una vuelta (corta, espero, tampoco hay que pasarse). 24 años y 24h al día con ella han hecho un vínculo irrompible. 


Cor, Sol y Men, este cumpleaños lo celebramos como debe ser, recordadme ésta entrada al blog el 17 de Diciembre cuando esté a punto de soplar las velas bajo mi propia incertidumbre de "qué deseo quiero pedir?". Vamos a ver si por fin pido un deseo que no me llegue a mi por convección sino por conducción. Contacto directo. Al grano. Pegada del cable. 


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