Y entiendes que esas arrugas pronunciadas al final del ojo solo salen si la vida es feliz.
Y la vida no es feliz porque sí. Ojalá la vida fuera eterna primavera. Son pocas las veces que escampa. No vivimos en el ecuador de la tierra. Por suerte para mí (y por desgracia para otros), tenemos las cuatro estaciones infinitas veces en la vida. Hacemos un ciclo cada vez que vivimos algo de lo que aprendemos. Y tal vez solo seamos conscientes de los aprendizajes más importantes de la vida, pero hemos tenido infinitos y nos faltan otros infinitos. En cada situación pasamos por invierno, otoño, primavera y verano. El invierno suele ser agotador. A veces parece que estés en el Polo Norte, la vida está nublada, los árboles sin hojas, llueve, graniza y hay viento a cientos de km/h. Luego el viento disminuye, las nubes se alejan, las flores empiezan a salir y las calles huelen dulce. Después entra el verano con su cálido sol y su cielo azul eterno que te hace pensar que ya puedes morir tranquilo. Y justo cuando vuelves a relajarte, las hojas vuelven a empezar a ponerse marrones, ya no hace tanto sol y el cielo empieza a nublarse. Bienvenida nueva etapa de crecimiento.
Aunque gracias a la vida, algunos tenemos la suerte de tener cerquita al corazón a personas -llamadas en otra vida Sol- que abrazan el alma y te hacen sentir en una eterna primavera.
Gracias a mis papás por ser mis soles de verano, de primavera, de verano y de invierno.
Ojalá pudiera guardarme a ese par de seres en una cajita y llevarlos a todas partes conmigo. Poder sentir sus abrazos y besos siempre que quiera, las manos suaves de mi madre y las calientes de mi padre. Ojalá sus palabras sabias estuvieran al alcance de mi cabeza/corazón toda la vida. Ojalá fueran eternos. Ojalá pudiera devolverles al menos la mitad de lo que me han dado. Ojalá la vida, el Cielo, las energías, el destino o lo que sea, les den la paz interior que se merecen y los hagan ser felices eternamente.

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