El año pasado me compré un libro de mi ilustradora favorita, Sara Herranz, y el título me quedó haciendo eco en las paredes del cerebro o del corazón -a veces son solo uno-: "Todo lo que nunca te dije lo guardo aquí". 

A veces pienso hasta qué punto los seres humanos tenemos que guardarnos tanta información sentimental dentro del pecho ¿Para qué? Algún día tendrá que llenarse de información y empezar a funcionar más lento. Como los móviles o los ordenadores. O como cuando llenas un vaso hasta el borde y ya no te cabe más agua. Todo tiene un tope. Me da pánico pensar que puedo morirme dentro de un segundo -sin apenas haber acabado este post y sin haberme enamorado nunca-. Y es que, a veces pienso de más y otras, pocas, pienso de menos. Desde primaria me enseñaron el tópico literario "Carpe diem" y, pese a saberme su definición perfectamente, nunca he sabido aplicarlo a mi vida. Tal vez tengo un cerebro cuadrado y de ahí que el eco rebote tantas veces. Tal vez me falta moldear las esquinas para que sea menos cuadrado, pero... ¿y si queda redondo y luego no para de dar vueltas?. 
Lo único que sé de corazón es que tengo que aprender a ser más valiente. Además, debo saber que no siempre que me lance al agua la piscina va a estar vacía por limpieza, ni que cuando me tire por un precipicio siempre va a haber una piedra esperándome. Tal vez haya agua, o nubes, o incluso un colchón que me reciba...  o tal vez, simplemente, salgan mis alas y vuele lo más alto posible. 

C O N F I A R es un deporte de alto riesgo pero de alto beneficio. 





No hay comentarios:

Publicar un comentario