Parece que fue ayer cuando estaba celebrando su comienzo -aún siendo amargo- y pidéndole a la vida que me sonriera mucho. Nunca defrauda. Aprieta pero no ahorca. Además, a nuestro favor juega que los seres humanos somos infinitamente resilientes. Mi tía abuela un día me dijo que “los cambios no hay que entenderlos sino aceptarlos y abrazarlos” y me lo grabé a fuego. Aprendí que no puedo cargar con las cruces de todas las personas a las que quiero. Que no puedo pretender tener toda la información de lo que me importa. Que las cartas al Cielo también llegan. Aprendí que ser escéptico es estar falto de una parte importante del universo. Que las personas que se mueren nunca se van, son una energía que está siempre caminando a nuestro lado. Los amores que matan, nunca mueren. Que no está mal cuando de vez en cuando la vida te revuelca y te refuerza. Maduras, creces, te haces más fuerte. Descubrí que mi sensación favorita es cuando por tu propia voluntad mueves la arena que estaba aparentemente en calma, creas un huracán interno con tormenta de arena, lo sacas fuera de ti y dejas la arena plenamente en calma. El mundo es más brillante cuando tienes paz interior. Aprendí que en la vida hay que tener tiempo de parar, agradecer, pensar y querer. Tiempo para ver el amanecer, el atardecer, fijarse en los pájaros, los perros, los árboles y las personas que pasan por tu lado, para mirar el cielo (sobre todo si hay estelas de aviones o estrellas), para respirar y notar el aire cómo llega a cada una de las partes del cuerpo. Para disfrutar de la música a todo volumen y para hacer que las canciones apaguen los pensamientos momentáneamente. Las cosas buenas pasan en un abrir y cerrar de ojos, pero bendito el inventor de la cámara porque: los momentos nunca mueren si hay algo que te los recuerde… y yo los intento congelar todos para re-vivirlos cuantas veces quiera. Los abuelos, los hermanos y los padres son un tesoro digno de cuidar y disfrutar porque el paso del tiempo no sólo hace que los árboles dejen caer sus hojas. Los amigos son un regalo de la vida.
G R A C I A S 2017 porque has sido sal y azúcar, luz y oscuridad, chocolate y cebolla cruda, miel y lija. He podido abrazar mil sensaciones extremas e intermedias. Un huracán que me tambaleó, mi viaje favorito en 23 años -con el que me re-conecté conmigo, con mi tierra y con mi familia- y un millón de cosas que me hacían feliz en medio. Gracias Medellín. Gracias vida porque he conocido gente increíble y lugares increíbles con mis personas favoritas. Gracias Dubai y Lille. Gracias porque he llorado y reído hasta quedarme sin aire. He disfrutado de cada segundo y he re-afirmado la importancia de mis amigos en mi vida o ,mejor dicho, me lo han reforzado ellos siendo ellos. Así. No me hace falta más. Gracias vida por mi salud y mi gente. Gracias 2017, has sido el año de mi vida
(no podía esperar menos de uno de mis números favoritos!!!!)

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