“La primera vez que bebí de ella, el hambre eterna que estamos destinados
a sufrir los vanirios desapareció. Ahora vuelvo a tener hambre, pero sólo de ella. No me atrae ningún otro cuello. Nadie. Sólo ella. Y tengo hambre porque no me alimenta
desde ayer. Las manos me queman cuando estoy
cerca de ella y sólo se calman si la toco. Hoy ha estado a punto de estallarme el corazón cuando la he visto.
Su voz me relaja, me arrulla… Y hoy habría matado a los dos hombres que intentaban llamar su atención. Me he puesto enfermo. Celoso”

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