¿Sabéis
que es lo que más
adoro de ellos? Esas ganas de comernos el mundo,
juntos. La sensación de que el tiempo se para cuando estamos
haciendo tonterías y que nos da igual lo que la gente piense porque nosotros
nos lo pasamos mejor que cualquiera. Nos da igual bailar o gritar en medio de
la calle. Nos reímos 25 horas al día. Nunca nos aburrimos. Compaginamos a la perfección.
Juntos, pareciera que todo es más fácil, que la vida es menos puta, que los
problemas son menos problemas y que podemos contra todo.
Y juntos estamos siempre, aún a miles de kilómetros de
distancia
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